¿Cuantas veces uno está pasando por un mal momento y muchos tratan de alentarnos diciendo que no perdamos las esperanzas? Muchas. Mientras tanto ¿qué? Uno vive esperanzado de que las cosas cambien y todo sigue igual o peor. Por supuesto, están los que tienen un poco más de suerte, y lo que querían que cambie o suceda se les hace realidad. En esos casos no paran de decir: "Nunca perdí las esperanzas". De todos modos, eso que tanto anhelaban se les hizo realidad ¿por qué tenían esperanzas o por qué estaba escrito en el destino?. En cuanto a los que aún siguen esperando ¿qué pueden hacer? ¿seguir teniendo fe o dejarse caer? Lo mejor es ser realista y no perderse en una esperanza, con el posible resultado de terminar desilusionado y resentido. Sin embargo, una persona sin esperanzas deja que la situación siga su curso sin vistas de un futuro mejor.
Cuando una persona está sin trabajo o una mujer está desolada porque la pareja la dejó (por citar algunos ejemplos), tienen chance de que la situación cambie para mejor. Si es joven con un titulo en mano, y si el hombre se marchó por una simple pelea doméstica, es probable que el desempleado encuentre un nuevo puesto de trabajo y la mujer vuelva con su pareja. En este tipo de situaciones donde existen posibilidades de lograr lo que se anhela, a las personas les es fácil albergar esperanzas y, por lo tanto, tener fuerzas para enfrentar aquello que les impide la felicidad (el desempleado repartirá currículos por todos los puestos de trabajos posibles, mientras que la mujer dialogará con su hombre para llegar a un acuerdo). En estos casos, como en muchos otros, tener fe, les da la energía para lograr lo que tanto se espera.
Sin embargo, cuando una situación no cambia, como le puede ocurrir al desempleado sin preparación alguna y sin suerte de encontrar un empleo, o cuando una terrible noticia nos sacude, como la enfermedad terminal de un ser querido, no basta con vivir con las esperanzas de que la situación se revierta o mejore. Hay que ser fuerte y ver con ojos objetivos lo que realmente pasa y pasará: la persona que no encuentra trabajo tiene que reconocer que sin estudio o un acomodo no encontrará un trabajo estable y digno y el que tiene que ver como un ser querido desmejora por la enfermedad tiene que prepararse para el temible final. De esta manera, se evita de darse la cabeza contra la pared: no termina desilusionado ni más depresivo de lo que se podría estar, especialmente para aquellas situaciones que no tienen vuelta atrás.
Ahora, ¿cómo sería si la mayoría de la población mundial viviera sin esperanzas? Cerca del final de la película "La Historia sin Fin", hay una escena entre el Príncipe Castian (creo que así se llamaba este personaje) y un lobo negro con ojos azules (no sé si en la película el animal personifica a un lobo pero por conveniencia me referiré a este como el lobo). En la escena, el lobo le cuenta al príncipe que El Mundo de Fantasía es el producto de la imaginación y de las esperanzas de los seres humanos. Le cuenta que El Mundo de Fantasía está siendo destruido y que El Mundo de la Nada está ganado terreno, gracias a que el ser humano está perdiendo las esperanzas. El Mundo de la Nada, como lo llama el lobo, es el vacío y la oscuridad. Lo más sobresaliente de la escena, es cuando el lobo afirma que al perder la fe, al ser humano es fácil de derrocarlo, o, como yo diría, de manejarlo. Inclusive, dejarse caer porque se está seguro que no hay posibilidad de cambio puede llevar a que la persona ni siquiera peleé y enfrente el problema, con el terrible resultado de que, si se podía revertir la situación, la persona deje pasar la oportunidad y que todo termine peor. En fin, el hombre sin esperanza puede dejarse llevar por el mal camino y dejarse vencer por los infortunios.
Por lo tanto, lo ideal sería luchar por lo que uno quiere con confianza pero sin dejar de ser realista y de distinguir lo que se puede hacer realidad de lo que no. Hay muchas situaciones que dependen de nosotros y de las cuales tenemos que poner manos a la obra para lograr lo que queremos. Sin embargo hay otras que escapan a nosotros. De estas últimas, sólo debemos tener esperanzas de que si lo intentamos, podemos, al menos, mejorar y/o de enfrentar el problema lo mejor que podamos.
sábado, 25 de junio de 2011
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